Yann Leto. Safari

Yann Leto (Burdeos, 1979) recoge, caza compulsivamente imágenes. Almacena de forma obsesiva y crea un mundo de recortes, atento al curso de los tiempos en su fragmentariedad. Es un francotirador en la batalla de las imágenes, entiende la dialéctica de su pintura como una transposición de la idea de la guerra infinita que significa occidente, una guerra que deben pagar otros. Debatir sobre colonialismo en este contexto es fascinante cuando, contra todo pronóstico las metrópolis han retomado un papel antiguo con respecto a sus antiguas colonias. Bailes, batallas, simulacros, colonia. El relato de la contemporaneidad se exprime en luchas, al fin y al cabo. La pintura, ficción por definición, no será devorada por el simulacro. La de Yann Leto al menos no. Leto es esencialmente pintor, pero sin la limitación de la ortodoxia, de manera que el mensaje se desplaza con frecuencia a lo instalativo, habiendo generado un lenguaje en el que la hibridación es clave. El recurso a la ironía no banaliza la crítica sociopolítica. Su pintura, densa, produce imágenes que se conciben a modo de un collage en el que los elementos tipográficos conviven con una revisión intensa de la gran pintura clásica, eliminando el resquicio en el que los huecos y los planos “sin pintura” desaparecen del cuadro.  (Texto de Nacho Ruiz)

   

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